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#51: Spaghetti saturniano con tellinas al vino

Aprovechando el comienzo de la Saturnalia en la antigua Roma, que mejor que recrear esta festividad a través de una comida que se ha convertido en nuestro clásico atemporal, sinónimo de celebración, aire libre y disfrute.

La fiesta de Saturnalia, muy apreciada por el pueblo romano de la época, empezaba el 17 de diciembre y duraba 7 días en honor a Saturno, dios de la agricultura. En sus más remotos orígenes, probablemente las Saturnales fueran las fiestas de la finalización de los trabajos del campo, celebradas tras la conclusión de la siembra de invierno, cuando el ritmo de las estaciones dejaba a toda la familia campesina, incluidos los esclavos domésticos, tiempo para descansar del esfuerzo cotidiano.

Las Saturnales se consideraban como las ‘fiestas de los esclavos’, ya que éstos eran recompensados con raciones extras de comida y vino. Gozaban de tiempo libre y otros privilegios de los que no disfrutaban durante el resto del año; a menudo, incluso eran liberados de sus obligaciones y cambiaban sus tareas con las de sus dueños: el señor actuaba como esclavo, el esclavo como señor. Estos días servían para recuperar un presunto paraíso inicial, donde los hombres vivían sin separaciones jerárquicas, sin opresión de unos sobre otros.

La fiesta oficial se celebraba el 17 de diciembre, con un sacrificio en el Templo de Saturno, en el Foro Romano, y un banquete público (lectisternium) al grito multitudinario de ¡Io Saturnalia!, que daba paso a la más absoluta permisividad y libertinaje, seguido por un intercambio de regalos, continuos festejos, y un ambiente de carnaval que desplomaba las normas sociales del Imperio. Se decoraban las casas con plantas y se encendían velas para celebrar la nueva venida de la luz. Durante su transcurso, se suspendían temporalmente las actividades comerciales, se cerraban las escuelas, los tribunales de justicia, y se permitían todo tipo de juegos de azar.

‘Vivir y dejar vivir’ era el lema de la fiesta y el poeta romano Gaio Valerio Catullo la llamó ‘el mejor de los días’.

Con este apunte de la historia tradicional pagana, creemos que es necesario retomar las festividades vinculadas con la naturaleza como lo hacían nuestros ancestros. Pensamos que va siendo hora de parar, replantearse el consumo del Norte que afecta al medio ambiente y especialmente a las condiciones de vida de otras personas en otras partes del mundo.

Es una cuestión de voluntad, nada más que eso.

comida

100g de spaghetti / 200g de tellinas / medio vaso de vino blanco / 1 diente de ajo / 1 tomacó o tomate de colgar / guindilla seca al gusto / pimienta negra / 1 puñado de perejil fresco / sal / aceite de oliva

1 – Ponemos un bol mediano con un plato de café en en el fondo, colocamos las tellinas y las dejamos en agua fría durante un par de horas para que suelten toda la arena. Picamos el ajo, la guindilla y el perejil por separado. Rallamos el tomate, trituramos la pulpa y la colamos para retirar las semillas.

2 – Ponemos abundante agua a hervir. Mientras, en otra olla, sofreímos el ajo con la mitad de la guindilla picada y la mitad del perejil. Incorporamos el tomate triturado y dejamos cocer unos 10 minutos. Vertemos el vino, removemos y dejamos cocer 5 minutos a fuego lento.

(Como en todas las comidas de pasta, hay que comenzar preparando la salsa, para después mezclarla con la pasta sin que ésta tenga que esperar.)

3 – Cocemos los spaghetti en abundante agua hirviendo con una pizca de sal al dente. Cuando falten unos 3 minutos para terminar la cocción de la pasta, introducimos las tellinas escurridas y el resto de guindilla en la olla de la salsa.

4 – Volcamos los spaghetti escurridos en la olla de las tellinas junto con el resto del perejil y removemos para que se impregnen de los distintos sabores. Servimos de inmediato acompañado de una copa de vino blanco bien frío.

siesta

5 – Una comida llena de sabor, historia y Mediterráneo.

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