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#105: Infusión de menta fresca

Fuente de frescor y bienestar, la menta resulta perfecta para favorecer la absorción de los nutrientes de los alimentos que ingerimos.

Todos conocemos los grandes beneficios de las infusiones en general, y lo adecuado que resulta introducirlas en el día a día, pero la menta es especial. Sus propiedades han sido alabadas desde los primeros tiempos de la humanidad. Su nombre podría derivar de que antiguamente se pensaba que era una planta para favorecer la mente. Etimológicamente el género mentha procede del nombre de la ninfa griega Mintha, a la cual amaba Plutón. Proserpina, amante de Plutón, tuvo celos y la convirtió en la planta que lleva su nombre. Originaria, según la teoría más extendida, de Europa, hay quién la sitúa también en el Norte de África y Asia.

Entre las elaboraciones que llevan menta, incluida la especie hierbabuena, destaca el té moruno en el Magreb, el quibbe, un alimento muy común en todo el Medio Oriente, las albóndigas albanesas o el tabule libanés.

Esta planta ha tenido siempre un gran estima en la tradición europea, entre los griegos y los romanos.

Los griegos ambientaban sus casas con aroma de menta y la utilizaban en el agua de sus baños para fortalecer el cuerpo y proporcionarle un buen olor. En la Edad Media la menta se consideraba una planta mágica, que era utilizada en las pociones. Los druidas de las Galias echaban unas hojas de menta en el Fuego Sagrado para alejar los malos espíritus.

Además de su uso medicinal, la especie mentha piperita, un híbrido entre la mentha aquatica y la mentha spicata, es también la menta más utilizada como hierba de cocina, que ocasionalmente se produce espontáneamente en las regiones templadas de Europa. El nombre de la especie piperita procede del latín piper, que significa pimienta, y se refiere al particular sabor picante de esta hierba. Por su riqueza en componentes aromáticos se cultiva artificialmente desde el siglo XVII, cuando por primera vez se obtuvo de manera controlada en Inglaterra.

Aunque se sabe que la menta existía y era utilizada en la antigüedad por pueblos mediterráneos, probablemente los primeros ejemplares procedentes del cruzamiento de las especies salvajes mentha aquatica y mentha spicata se produjeron de una manera espontánea, a los ingleses se les debe atribuir la virtud de la mejora genética de esta especie ya que en sus huertos consiguieron producir las plantas de mejor calidad con los aromas más refinados y apreciados del mercado.

Aunque la manzanilla es la reina de las digestivas en cuanto a popularidad se refiere, la menta resulta interesante tanto por sus propiedades digestivas, respiratorias y estimulantes -sin producir sobreexcitación nerviosa- como por su característico aroma refrescante y penetrante.

¡Todo un tesoro!

comida

1 puñado de hojas frescas de menta / 2 tazas de agua

1 – Calentamos el agua en un cazo a fuego vivo.

2 – Cuando el agua arranque a hervir, apagamos el fuego y dejamos infusionar tapado las hojas de menta en el agua, mínimo 5 minutos. Quitamos la menta y servirmos caliente.

y siesta

3 – Recién caída la tarde.

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