invierno, vegetarianas
Deja un comentario

#158: Galletas especiadas

Suaves, aromáticas y mantecosas. Así son estas galletas, perfectas para acompañar una tarde fría de invierno.

Lo bonito de hacer galletas caseras a lo salvaje, sin moldes ni artilugios que ocupan espacio en los cajones, es tener la certeza de que cada bocado será diferente. A veces quedan más finas y crujientes, a veces quedan más gruesas y blandas, y nunca son exactamente iguales en su forma. Una maravilla.

El término japonés wabi-sabi describe un tipo de visión estética basada en “la belleza de la imperfección”. Esta corriente combina la atención a la composición minimalista, con la calidez de los objetos provenientes de la naturaleza. El escritor Richard R. Powell lo resume así: “El wabi-sabi cultiva todo lo que es auténtico reconociendo tres sencillas realidades: nada dura, nada está completado y nada es perfecto”. Sin embargo, las palabras wabi y sabi no se traducen fácilmente. Wabi inicialmente se refería a la soledad de vivir en la naturaleza, lejos de la sociedad, mientras que sabi significaba frío, flaco o marchitado. Hacia el siglo XIV estos términos comenzaron a cambiar, adquiriendo connotaciones más positivas. Ahora wabi connota simpleza rústica, frescura o quietud; mientras que sabi es la belleza o serenidad que aparece con la edad, cuando la vida del objeto y su impermanencia se evidencian en su pátina y desgaste.

Lo casero, nunca queda perfecto.

La historia de estas galletas, también conocidas como pan de jengibre o pan de especias, se remonta al siglo X, diversas referencias históricas aseguran que estas fueron creadas por el monje de origen armenio, Gregory de Nicopolis en Grecia. Probablemente fue la evolución natural de las tortas o panes con miel que se elaboraban en la Antigua Roma. Por su parte, el jengibre ya formaba parte de los recetarios para condimentar comidas y bebidas desde la antigüedad. Esta especia no sólo agregaba sabor, sino que tenía propiedades que ayudaban a preservar el pan. Según cuenta la leyenda, fue el mismo monje quien al trasladarse a Francia en el año 992, dio a conocer su atractiva creación culinaria, y enseñó a hacerlas a los sacerdotes franceses.

Hoy arrancamos nuevo ciclo, el lunes empezó un nuevo año, y queremos seguir compartiendo delicias a través de esta página. Un nuevo año donde ansiamos aplicar esta nueva visión a nuestra filosofía en la cocina, de por sí ya sencilla. Por ello, estas galletas son una interpretación libre de otras recetas de galletas que contienen prácticamente los mismos ingredientes. Porque lo importante es hacerlas tuyas, y es que el único camino no es solo experimentar sino abrirse al apasionante mundo de las especias.

¡Feliz 2018!

comida

250g de harina / 1 huevo / 100g de mantequilla* / 50g de miel / 50g de panela / media cucharadita de levadura química / un cuarto de cucharadita de bicarbonato / 2 cucharadas de moscatel / media cucharadita de jengibre en polvo / media cucharadita de canela en polvo / media cucharadita de cúrcuma / media cucharadita de de pimienta negra molida / nuez moscada / 2 vainas de cardamomo / ralladura de naranja y limón / pizca de sal

*A temperatura ambiente. Textura pomada.
(Cantidad para 15 galletas de 30g cada una)

1 – En un bol mezclamos la harina -previamente tamizada-, la levadura, el bicarbonato, las especias y la sal. Reservamos.

2 – Ponemos la miel y el moscatel en un cazo a fuego lento un minuto para disolver ligeramente la miel. Agregamos las ralladuras y reservamos.

3 – En otro bol, batimos la mantequilla, la panela y la mezcla aromática de miel más o menos un minuto para que se mezclen. Añadimos el huevo poco a poco y batimos otro minuto. Incorporamos poco a poco la mezcla de ingredientes secos y amasamos hasta que todos los elementos queden bien ligados y obtengamos una masa compacta y uniforme, pero suave al tacto.

4 – Dividimos la masa en porciones de 30g y hacemos bolas. Ponemos una bola entre dos papeles de horno y presionamos suavemente con la base de un vaso para conseguir un disco estándar de galleta. Repetimos hasta terminar todas las bolas. Colocamos las galletas encima de una bandeja de horno protegida con papel vegetal, dejando un centímetro de separación entre galleta y galleta. Antes de cocinarlas, dejamos reposar la bandeja con las galletas en la nevera un mínimo de una hora.

5 – Con el horno precalentado a 190ºC, horneamos las galletas entre 15 y 20 minutos o hasta que empiecen a dorarse. Retiramos del horno y dejamos enfriar sólo 5 minutos antes de pasarlas a una rejilla.

y siesta

6 – De esas que deja huella.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *