sopas y purés
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#258: Sopa de farigola

Sopa tradicional catalana, del recetario humilde del campo. Hecha con una hierba muy querida en esta cocina: el tomillo.

Cuando el pan era bueno, y cuando el hambre se hacía sentir, y cuando la gente sabía «reciclar», se inventaron las sopas de pan. Esta sopa es aún a día de hoy, uno de los platos sencillos y caseros que forman parte de la alimentación de muchos hogares, y creo que no se habla lo suficiente de esta categoría de sopas, por tratarse justamente de platos humildes y sencillos, vinculados a la cultura del aprovechamiento de los alimentos, un tema presente, de manera más o menos manifiesta, en la actualidad de nuestra alimentación.

Típica de los domingos por la noche.

En algunos lugares de Catalunya y al norte del País Valencià se las conoce también como sopas de pastor, nombre empleado en Catalunya para otras sopas de pan. El pan sagrado, reutilizado, reciclado, aprovechado. Toda una lección de la cultura tradicional para los tiempos actuales. En la Catalunya Nord hay una versión con el caldo ligado con huevos. En Menorca el tomillo también se pone a las sopas y cocidos. El tomillo también es llamada timó, especialmente en el Urgell, Andorra, etc. -aquí, pues, es sopa de timó-. Las sopas a base de agua, pan y alguna hierba y, a menudo, huevos, se encuentran por todo el Mediterráneo. Sólo cambia, en general, la hierba o hierbas que se utilizan para perfumarlas.

En el año 1979, el poeta catalán Josep Carner hizo un poema titulado La Sopa sobre este humilde caldo, que dice así:

Fum que vas a la teulada
i que n’ixes floc a floc,
dius a la lluna afilada:
–Vora l’olla salta el foc–.
La mare crida i trascola
i vigila de reüll
la sopa de farigola
que està si bull si no bull.
Si, de lluny, el fum albires,
plega, pare, ton fadic;
ja s’entaulen les cadires
i les copes fan bonic.
Fins la boca més llamenca
de desig d’haver-te es mor,
sopa humil, sopa rossenca,
mostrejada amb oli d’or.
Troballa que ens fores duta
per un savi saberut,
l’herba humil de roca eixuta
et penetra de virtut.
A la setena bocada
troben la conversa els grans
i a l’última cullerada
hi ha la son per als infants.

Un clásico del que siempre he oído hablar, hablar bien: «Que si a tu abuelo le gustaba mucho», «que si de pequeños las comíamos», «que si el vecino la comía a diario para cenar», …; y por supuesto, verla preparar de la mano de mi padre para él y mi madre. Pero que en pocas ocasiones he servido en casa. Sin embargo, la idea es incorporarla a nuestro recetario habitual. Y es que, estamos frente a una manera sencilla de enriquecer una infusión. Pero también, de terminar las semanas con la sencillez en su máxima expresión.

comida

finas rebanadas de pan duro / una ramita de tomillo / una pizca de sal / aceite de oliva / agua

1 – Ponemos agua a hervir en un cazo. Cuando hierva, apagamos el fuego, ponemos la ramita de tomillo y dejamos infusionar unos 5 minutos. Retiramos el tomillo, salamos y colamos.

2 – Ponemos el pan en un plato hondo, bañamos con el caldo y aliñamos con un buen aceite de oliva.

y siesta

3 – Dominical.

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