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Ayuno desde la antigüedad, la práctica de ayunar en la actualidad

La práctica de abstenerse de ingerir alimentos durante un periodo de tiempo, forma parte de las tradiciones humanas desde la prehistoria. El hecho de ayunar es universal y se origina por distintos motivos y objetivos: autodisciplina, terapia, manifestación política, fe, entre otros.

Nunca he ayunado. Pero la idea del ayuno terapéutico me seduce. Grandes filósofos, pensadores y médicos de la Antigua Grecia descubrieron, experimentaron y promovieron los beneficios de esta práctica. Y utilizo la palabra terapéutico, ya que esta proviene del griego therapeutikós que significa servicial, que cuida de algo o alguien. Derivado de therapéuo, yo cuido. Siendo la palabra therapeutés, en castellano terapeuta, servidor. Por tanto, el terapeuta no es el que cura sino el que acompaña y cuida mientras la curación tiene lugar. De ahí que un ayuno individual (nada funciona igual para todo el mundo) dirigido por un terapeuta experto en esta práctica, puede suponer la mejor opción.

Hipócrates, médico naturista griego, el de «que la comida sea tu alimento y el alimento, tu medicina», preconizó la utilización del ayuno como uno de métodos para la curación de enfermedades. Hipócrates creía que un organismo no es pasivo a las lesiones o enfermedades, sino que se rebalancea para contrarrestarlas. Y en esta frase: Vis medicatrix naturae, literalmente «el poder curativo de la naturaleza», atribuida al propio Hipócrates, se resume uno de los principios rectores de la medicina hipocrática. De esto se desprende el enfoque médico de que «La naturaleza es el mejor médico» o «La naturaleza es el curandero de la enfermedad». Una idea desarrollada y difundida por muchos otros como Aulo Cornelio Celso, Ateneos, Paracelso, Isaac Jennings, Russell Trall, entre otros.

«El ayuno es una forma de vida prescrita por la naturaleza».
– Hellmut Lützner, médico alemán.

En este sentido, por ejemplo, cuando nos duele la barriga, inmediata e instintivamente solemos dejar de comer, y como mucho, nos tomamos alguna infusión de hierbas. Si no es nada grave -en caso de serlo, ir directamente a urgencias-, con el paso de las horas, el cuerpo se va reajustando y empezamos a sentir-nos mejor. Creo que es algo que hemos experimentado todos o casi todos. Por ello, pensar que el ayuno terapéutico es una herramienta para recobrar el equilibrio no es para nada algo descabellado.

La cultura culinaria del ámbito mediterráneo es alabada y reconocida por todos, incluso es Patrimonio de la Humanidad. Sin embargo, pierde adeptos. El mundo contemporáneo, hablando siempre des de la perspectiva de la sociedad en este punto del globo, ha dejado su alimentación en manos de la gran industria alimentaria, como ya hemos mencionado aquí en las anteriores reflexiones anuales. Para demasiados, lo de cocinar a partir de alimentos frescos, es una pérdida de tiempo, puesto que ya lo puedes conseguir listo para comer. Una idea perfectamente diseñada y bombardeada de forma continua por la propia industria, sobre todo en prime time, en castellano horario de máxima audiencia. Lo que ha propiciado que la alimentación actual se esté desviando del modelo tradicional mediterráneo. Un abandono difícilmente revertible, salvo reeducación y voluntad.

Así, la humanidad contemporánea «occidental» está dejando toda su existencia en manos de la gran industria, a la vez que esta somete a la otra parte de la humanidad, la paria, a trabajos forzados y/o mal remunerados para fabricar objetos inútiles y cultivar inmensas extensiones de alimento que destrozan y contaminan sus entornos y que serán consumidos vorazmente por los primeros. Un retrato humano, que se resume como especie, probablemente en esta frase del poeta José Martí: «La miseria no es una desgracia personal; es un delito público».

EL OFICIO DE VIVIR IMPLICA HABITUALMENTE SUFRIR EPISODIOS INDESEADOS Y SITUACIONES CON DEMASIADOS PALOS EN LAS RUEDAS. EN LA PARCELA ALIMENTARIA, EL AYUNO PUEDE SUPONER EL CAMINO OLVIDADO HACIA EL BIENESTAR.

El cuerpo necesita nutrirse para vivir, si no enferma y muere. Poner en duda esta premisa es de irresponsables. Por ello, la mayoría de tendencias en torno a la alimentación -básicamente las destinadas al peso- están diseñadas desde la óptica capitalista y por tanto el objetivo es simplemente vender, vender cualquier producto con etiquetas llamativas supuestamente saludables, y lo que puede verse como algo beneficioso, se puede convertir en un hábito malsano. En este sentido, hay principalmente un concepto erróneo de base, y es este: Ningún alimento engorda o adelgaza por sí mismo, sin excepciones. Lo que hace que aumentemos de peso es consumir más calorías de las que gastamos. No hay más.

Aquí en el contexto Mediterráneo Occidental, que es donde vivimos y por tanto el que conocemos, en donde su cocina -la Mediterránea-, y repito, es Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, me resulta entristecedor que estas tendencias arrastren a tantas personas y que tantas personas se hayan creído el milagro, cuando nuestro recetario tradicional junto con la práctica diaria de ejercicio es un auténtico prodigio entre la naturaleza y la cultura al servicio de todos.

«Las mejores medicinas son el descanso y el ayuno».
– Benjamin Franklin, político, polímata, científico e inventor estadounidense.

En el abanico anual de tendencias en torno a la comida, la máxima estupidez humana se resume por estas fechas: primero la glotonería, luego la palabra dieta que se instala en boca de todos a partir del siete de enero. Y me pregunto si es necesario. La celebración en familia, por supuesto que sí; el comer con exceso, directamente no. Por eso, desde hace unos años, los alimentos de la cena del 24 se cocinan a la brasa, este año por ejemplo: alcachofa, cebolla, arengada, butifarra negra, pan. Todos ellos humildes, pero tremendamente sabrosos. El día siguiente, el 25, se sirve la tradicional escudella y el rostit de segundo; mientras que el 26 hacen presencia en la mesa los típicos canalones, esa tan deliciosa comida de aprovechamiento. Con esto, en mi caso particular, realmente no se come mucho, si bien las noches de estos dos días he optado por abstenerme de cenar.

Este ayuno insignificante, donde simplemente tomo normalmente una infusión de tomillo, lo hago para que el cuerpo repose de los pequeños excesos del final dulce, en forma de diminutos tesoros gastronómicos, que tienen estas comidas: polvorones, turrones y neulas. Pero, más allá de esto, pensar en dieta no cabe en mi filosofía. Creo que lo mejor es mantener un equilibrio, que desgraciadamente hemos perdido por creernos la gran industria, la cual utiliza cualquier pretexto para moldear nuestros comportamientos y vidas. Y que por supuesto, nosotros «los occidentales», nos hemos creído erróneamente el cuento como el único camino hacia la felicidad total.

«No debemos llenar el aparato digestivo con alimentos innecesarios. Tenemos que comer solamente tanto como nos sea necesario y no más. Con frecuencia comemos de más, o ingerimos cosas indigeribles, sin darnos cuenta. Un ayuno ocasional, por ejemplo de una vez por semana o una vez cada quince días, nos permitirá mantenernos equilibrados».
– Mahatma Gandhi, pacifista, pensador, político y abogado hinduista indio.

La práctica ancestral de ayunar es por tanto un mecanismo que nos ha dado la naturaleza para limpiar nuestro recipiente de venenos en forma de aditivos alimentarios. Y que, aunque comamos bien y poco a lo largo del año, no está de más conocer su existencia y que podemos practicarlo de vez en cuando (bajo supervisión médica) para hacer un reinicio físico y mental.

Y es que el bienestar es un todo, que necesitamos tomarnos en serio.

PUEDE PARECER HIPNÓTICO, PERO ES METAFÍSICO. AUNQUE NO HAY DISCIPLINA FILOSÓFICA QUE LO RESUELVA, NI NADA TAN DULCE. NADA DE ABISMOS. SE TRATA DE RECUPERAR EL EQUILIBRIO. VOLVER A EMPEZAR.

Puede parecer una terapia alternativa, pero nada de esto. Una frase proverbial proclama que no hay felicidad completa. Probablemente. Es difícil que todos los factores se acoplen en el mismo punto. Pero no imposible. Lo que realmente como especie necesitamos es replantearnos cuáles son las razones por las que seguir caminando. Y por tanto, reconectarnos con el territorio: las plantas, los insectos, en definitiva, con todos los seres vivos con los que convivimos en este globo.

Por ello, entiendo el ayuno de muchas maneras y aplicable a todas las facetas de la vida. En este contexto, el silencio es ayunar del ruido, la lentitud es ayunar de la inmediatez, el sol es ayunar de la oscuridad, lo manual de lo tecnológico, … y en estos estados de inhibición cualquier preocupación desaparece. Y por ello, en esta línea de parar un momento, este proyecto de divulgación gastronómica en torno a la cultura Mediterránea, se va a tomar un tiempo de reposo, un tiempo sabático para repensar el mismo, pero también para seguir investigando nuestra historia comestible, sobre todo en relación a los recetarios antiguos y los sabores más humildes. Por que para nosotras los verdaderos protagonistas de esta historia, han sido siempre los alimentos. Los que merecen toda nuestra atención. Como diría Ferran Palau: «Seguir en la cocina, ensimismada en mil detalles». Y así siempre.

En definitiva, hay que conocerse y estar preparados física y mentalmente para dejar de comer temporalmente. Ayunar no está hecho para todo el mundo.

Gracias por estos cinco años. ¡Salud!

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