entre horas, masas
Deja un comentario

#43: Galletes d’inca

Hoy, hablaremos de lugares que prestan su nombre a comidas.

En el interior de la isla de Mallorca se alza el pueblo de Inca, capital de la comarca del Raiguer. El topónimo Inca es de origen prerromano y se desconoce su significado. También conocidas como galletas de aceite, una variante de los panes sin miga, este pueblo pone nombre a estas pequeñas y crujientes delicias de tradición marinera, alimento básico entre pescadores y marineros del mediterráneo.

Este alimento es una solución antiquísima de los marineros, para conservar el pan en las largas travesías oceánicas, de forma natural.

La masa enriquecida con aceite es conocida desde hace mucho tiempo. Prácticamente con los mismos ingredientes pero con distinta forma, existe el llamado pan marinero, pan de barco o galletas marinas, que comenzaron a utilizarse a partir del siglo XV durante los largos viajes. Este pan se elaboró en distintos puntos de Galicia durante muchos años, pero finalmente se perdió tanto la tradición de su consumo, como la propia receta. Actualmente, se ha recuperado la receta gracias a que en el continente americano se han seguido haciendo desde antaño, con la receta que exportaron los primeros gallegos que llegaron a América.

Con materias primas naturales de origen local, tanto solas como acompañadas, ¡felicidad instantánea!

comida

100g de aceite de oliva / 110g de agua tibia / 150g de harina de trigo forment* / 50g de harina de trigo xeixa* / 130g de harina de trigo / 15g levadura de panadero / media cucharada de sal

*Trigos antiguos que se dejaron de hacer debido a la poca producción que se acababa obteniendo. Sin embargo, tienen un alto nivel nutritivo, más minerales, fibras y un excelente sabor. Algunos agricultores las están recuperando. Estos concretamente están molidos a la piedra.

1 – Diluimos la levadura en un bol con agua tibia, añadimos el aceite y la sal, y lo mezclamos bien. Incorporamos las harinas y amasamos hasta tener una bola uniforme y dejamos reposar en el bol tapado con un trapo en un lugar no muy frío hasta que la masa haya doblado su volumen.

(En casa, en los meses fríos, dejamos reposar la masa debajo del edredón.)

2 – Pasado este tiempo, volvemos a amasar la masa para sacar el aire y la aplanamos con un rodillo hasta dejarla aproximadamente de medio centímetro de grosor. Cortamos las galletas con un vaso de chupito y repetimos el proceso hasta terminar con la masa.

3 – Colocamos las piezas en la bandeja sobre papel de horno dejando espacio entre ellas. Las dejamos reposar mínimo 30 minutos. Una vez hayan fermentado, pinchamos cada pieza en el centro con un tenedor sin llegar abajo.

4 – Horneamos a 150º unos 50 minutos o hasta que adquieran un color dorado. Una vez horneadas, las dejamos enfriar sobre una rejilla antes de comerlas.

(Estas galletas pueden durar meses guardadas en una caja de lata o bote hermético.)

siesta

45 – Deliciosas con sobrasada, queso, mermelada o imaginación.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.